Una investigación reciente llevada a cabo por expertos de la Universidad de Montpellier, Francia, ha confirmado que el cacao tiene sus raíces en la región amazónica peruana, hace más de 5 000 años. Desde allí, se propagó hacia otras zonas, incluyendo Centroamérica. Este estudio respalda la teoría previamente planteada por el arqueólogo peruano Quirino Olivera, quien descubrió vestigios de cacao en vasijas ceremoniales en la huaca Montegrande, ubicada en la provincia de Jaén, Cajamarca.

Olivera, en colaboración con el arqueólogo ecuatoriano Francisco Valdez, ha liderado investigaciones en las provincias de Zamora-Chinchipe en Ecuador y Jaén en Perú, confirmando la existencia de una cultura amazónica binacional. Esta cultura, conocida como «Mayo-Chinchipe» en Ecuador y «Cultura Marañón» en Perú en honor al río Marañón, ha dejado evidencia de su avanzada civilización, incluyendo templos arqueológicos en Palanda y Montegrande con características arquitectónicas similares, como espirales, y el cultivo del cacao.

El trabajo de los científicos franceses, publicado en la revista Scientific Reports, titulado «Una historia revisada de la domesticación del cacao en la época precolombina revelada por enfoques arqueogenómicos», destaca la importancia histórica y cultural del cacao en la región amazónica. Este hallazgo arqueológico refuerza la conexión ancestral entre el cacao y la civilización precolombina en Sudamérica.

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